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Crecer con una madre o padre que sufre depresión
Crecer con una madre o padre que sufre depresión
FAMILIA

Crecer con una madre o padre que sufre depresión

La depresión es un trastorno que afecta a todas las personas de alrededor de quien la sufre, y en muchas ocasiones son los propios hijos quienes más cerca están.

Noelia Rodríguez Alvarez

La depresión es una de las enfermedades más estigmatizadas de nuestra sociedad, lo que no supone otra cosa que hacer que quienes la pueden sufrir se encierren más en sí mismos, lo que a su vez no ayuda para nada a salir de la situación. Al igual que ocurre con otras dolencias de tipo mental o psicológico se sabe de ella en el entorno más íntimo, de modo que son los familiares y amigos más cercanos los que tienen que lidiar con situaciones que son, cuanto menos, complicadas. En ocasiones quienes tienen depresión son padres, con lo que los hijos la viven muy de cerca sin saber muy bien qué es lo que pasa.

Si la depresión es difícil de entender para muchos adultos imagínate lo que puede suponer para un niño o un adolescente. No están preparados para enfrentarse a algo así y quien debería darles todo su apoyo y ayudarles a entenderlo es precisamente quien está luchando en primera persona contra ello. Los hijos pueden llegar a sufrir mucho con la depresión de uno de sus progenitores y, sobre todo, pueden sentirse muy perdidos y no saber porqué está sucediendo eso.

El desconcierto inicial

El hecho de que los trastornos mentales y psicológicos sean un tabú -aunque cada vez menos- en nuestra sociedad hace que sea difícil que los hijos puedan entenderlas. Si a su padre lo diagnostican otro tipo de dolencia puede hacerse una idea de qué está pasando, pero cuando se habla de depresión es normal que esté un poco perdido. Y eso en caso de que haya un diagnóstico, porque cuando ni siquiera es así es más complicado aún porque en realidad no sabe qué pasa.

A veces los hijos son la motivación para acudir a terapia, pero debemos entender que para la persona con depresión no es tan fácilA veces los hijos son la motivación para acudir a terapia, pero debemos entender que para la persona con depresión no es tan fácil

Los padres quieren proteger a sus hijos y para no hacerles sufrir tienden a ocultar o disfrazar algunas situaciones que creen que pueden ser complicadas para ellos. Esto viene derivado de ese deseo de evitar que los niños, incluso los adolescentes, puedan sentirse mal o tristes. Por lo general los padres no son conscientes de cuan fuertes pueden ser sus hijos y, sobre todo, que les puede hacer más daño imaginar qué puede pasar que saberlo con certeza.

Culparse de lo que ocurre

Por eso en el caso de que uno de los padres sufra depresión lo más recomendable es hablarlo en la familia para que todos sepan qué ocurre. De no hacerlo se puede conseguir precisamente lo contrario a lo esperado: los hijos empezarán a sacar sus propias conclusiones y, en muchos casos, llegar a culparse de lo que está ocurriendo. Tienden a pensar que el cambio que han visto en su progenitor podría venir derivado de su conducta y que si está así es culpa de ellos.

Esto no solo es una idea errónea, sino también contraproducente porque hace que los pequeños carguen con una responsabilidad y culpa que no tienen. Puede que traten de hacer algo para cambiar esa situación y no verán respuesta por parte de su padre, con lo que se incrementará la culpabilidad. Si los hijos son muy pequeños es difícil explicarles en qué consiste una depresión y porqué su madre o su padre está pasando por ello. Ni siquiera los adultos tienen respuesta a estas preguntas, así que no podrán dárselas.

Lo importante es que los hijos vean que existe comunicación y que se cuenta con ellos. Puede ser que las explicaciones paternas no sean suficientes y necesiten otro tipo de apoyo, como el de psicólogos que les ayuden a entender lo que ocurre y superarlo de la mejor manera.

Cargarse de responsabilidades

Como decíamos al principio de este artículo, la depresión es una enfermedad que se vive en la intimidad del hogar y es por ello que no sólo hace sufrir a quien la padece sino a su entorno más cercano. Además de sentirse responsable los demás familiares pueden buscar llenar el espacio que, a causa de la depresión, sus padres no pueden cubrir.

Es por ello que tienden a asumir responsabilidades que no les competen, como el cuidado de otros miembros de la familia o tareas tales como encargarse de cocinar o mantener la casa en orden. Es importante que los hijos empiecen a tener responsabilidades dentro del hogar según se van haciendo mayores, pero no puede ser que las asuman de un día para otro y por el mero hecho de que su padre o madre no se ve capaz de hacerlo.

Los niños que crecen con la depresión en casa tienen que crecer antesLos niños que crecen con la depresión en casa tienen que crecer antes

Es habitual que los hijos de padres con depresión maduren más rápido que el resto de sus compañeros de su misma edad por esa razón, porque sienten que deben hacerlo para que las cosas en casa sigan funcionando. No se debe permitir, en la medida de lo posible, que los hijos cargen con esa tremenda responsabilidad, que no deja de corresponderles a los padres.

No es sólo la responsabilidad en sí, sino el hecho de que con ella van asociadas una serie de cargas que no son propias de gente de su edad. Además, suponen que para atenderlas no tienen tiempo para hacer lo que deberían, como es divertirse, jugar, ir al colegio, estudiar... Hay que recordar que los niños -o adolescentes- son solo eso y deben comportarse como tal, no deben ser quienes asuman las obligaciones propias de los mayores.

Un aliciente para superar la enfermedad

En cierto sentido esto puede ser también una forma de ayudar a sus padres a salir de la depresión. El saber que sus hijos les necesitan y no verlos sufrir es un aliciente para tratar de superar la enfermedad y recuperar la normalidad en casa. El paso que hay que dar es buscar ayuda psicológica cuanto antes.

No cabe duda que para superar una depresión en la familia todos los miembros han de poner de su parte, no sólo el que la padece. Los hijos son parte fundamental porque pueden suponer el impulso que necesitan sus padres para conseguirlo, pero también les obliga a madurar más rápidamente para entender la situación y, en ocasiones, se culparán sin motivo o asumirán responsabilidades que no les corresponden. Se hace necesario saber encontrar el equilibrio entre todos para hacerles partícipes de lo que ocurre pero que al tiempo no suponga una carga extra para los menores.

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