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Las diferencias entre los consejos de los amigos e ir al psicólogo
Las diferencias entre los consejos de los amigos e ir al psicólogo
SUPERAR UN PROBLEMA

Las diferencias entre los consejos de los amigos e ir al psicólogo

A veces pensamos que los problemas emocionales de un amigo cercano mejorarían si se dejara aconsejar o saliera más con sus amistades, pero ¿es una solución verdadera?

Sara Menéndez Espina

¿Alguna vez has escuchado la frase "teniendo amigos quién necesita un psicólogo" o "la mejor terapia es salir con tus amigos"? En verdad, el contacto tanto de nuestras amistades como otros tipos de personas cercanas, suponen grandes beneficios sobre nuestra salud mental, especialmente como prevención y protección ante fuentes de malestar psicológico, siempre que estas amistades sean sanas, o cualquiera de nuestras fuentes de apoyo social sean honestas y fuertes.

Tomar un café y hablar de nuestros problemas diarios, que no son pocos en todo tipo de personas, es algo sano y que nos ayuda a sobrellevarlo. Sin embargo, en casos de que la suframos un malestar constante, e incluso que empieza a interferir en la vida diaria, nuestros amigos y amigas no siempre suponen la terapia que necesitamos. Con esto no queremos decir que no sean importantes, ni podamos hacer nada cuando alguien de nuestro alrededor sufre, pero no podemos sustituir la ayuda psicológica por ratos de ocio o mero desahogo. Te contamos por qué.

Los consejos no bastan

Las amistades siempre actuamos con buena intención hacia las personas que más nos importan. Así, cuando alguien de nuestro alrededor, un amigo o una amiga cercana sufre, intentamos ayudarle con los recursos que más a mano tenemos: nuestros consejos, el qué haríamos. Porque queremos, cuanto antes, sacar a nuestro amigo o amiga de esa situación, así que vamos directamente a las soluciones.

Los amigos son muy importantes, pero no son el psicólogoLos amigos son muy importantes, pero no son el psicólogo

Sin embargo, las soluciones que proponemos no siempre son las adecuadas o las que más pueden ayudar a nuestro amigo o amiga. Nosotros podemos ver de manera clara cuál es la vía para salir de una situación como el sufrir ansiedad, una depresión, estar inmerso en una relación tóxica que nos provoca dependencia emocional, una fobia que nos está limitando la libertad de acción, etc.: "tienes que salir", "tienes que ir poco a poco", "no debes sufrir tanto por esos detalles tan insignificantes", "tienes que olvidarlo", "tienes que dejarlo", "tienes que enfrentarte a ello", "tienes que dar el paso", etc.

En estas situaciones, no es ya que sea muy complicado el proceso de recuperación, sino que el mero hecho de encontrar las herramientas para realizar cualquier primer paso sea imposible para la persona que sufre. Aunque sepa qué debería hacer, no sabe cómo. Simplemente, no es capaz. No tiene la misma percepción que nosotros, ni las mismas estrategias de afrontamiento, ni puede sentir la misma seguridad, ni el mismo placer, ni la misma sensación de superación. No sabe qué le puede motivar a seguir adelante, en ocasiones no sabe si en realidad merece la pena. Por eso, si tenemos algún tipo de malestar emocional grave, miedos, si vivimos situaciones que nos causan gran angustia, y las personas en quienes nos queremos apoyar nos juzgan o nos fuerzan a hacer algo que no deseamos, el único camino que nos alivia es dejar de ver a esas personas, por mucho que las apreciemos.

Qué hace en realidad el psicólogo

El psicólogo o la psicóloga a la que acudimos tiene los conocimientos y la experiencia necesaria para saber cómo debe actuar en cada situación concreta. Hará un estudio previo de lo que le ocurre a la persona que le consulta, a qué tipo de trastorno, síndrome o situación concreta se acerca más (no siempre hay una situación etiquetable, solo una fuente de malestar que nos genera ciertas conductas y malestar) y qué puede haberlo ocasionado. Para eso se ayuda de técnicas concretas, desde tests psicológicos, hasta análisis funcionales de la conducta, entrevistas, registros, etc.

Debemos tener en cuenta que la conducta humana es muy compleja, y todo lo que somos y sentimos, especialmente en el caso de llegar a una situación de malestar psicológico (sea más o menos grave), se trata del resultado de años, experiencias, aprendizajes, situaciones, relaciones, pensamientos... Así que en cada persona habrá una manera de salir de ello, y para descubrir cuál es esa vía, el psicólogo o psicóloga tiene las herramientas adecuadas. Siempre, claro, con el fin de que la persona sea el sujeto activo de su recuperación y salida hacia delante, marcando ella el ritmo y la manera en que quiere hacer las cosas según las opciones que tenga.

Para nuestra recuperación sí necesitamos el apoyo constante de nuestras amistadesPara nuestra recuperación sí necesitamos el apoyo constante de nuestras amistades

Aun así, las amistades juegan un papel crucial en nuestra recuperación

Con todo esto, no queremos decir que la ayuda profesional sea la única que se puede brindar a la persona que sufre. Las amistades, la familia, pareja, compañeros en el trabajo u otro ámbito, las asociaciones y agrupaciones de personas que pasan por lo mismo, etc., son de vital importancia para ayudar a la persona a superar su problema. Simplemente, todos tenemos diferentes roles, pero desde la consulta psicológica se potenciará el uso de las redes de apoyo social para superar cualquiera de los problemas que tengamos.

Por ello, el recurso que debemos poner en marcha en cuanto una persona de nuestro alrededor tiene algún tipo de sufrimiento psicológico, es la comprensión y el apoyo. Aunque no entendamos el porqué de sus conductas y sentimientos, debemos dejarle claro que le ayudaremos en todo lo que necesite y respetaremos sus decisiones. Eso sí, recomendamos animarle (no obligar) a acudir a un psicólogo aunque sólo sea a consultar lo que le ocurre, porque no se debe quedar estancado y propiciando su empeoramiento emocional. Por ejemplo, las personas con depresión tienden a aislarse socialmente, y cuando salen con sus amigos por obligación, se sienten mal, demasiado expuestas, incomprendidas y totalmente ajenas a la situación que viven: no mejoran de por sí.

Así, es importante, una vez que la persona comience su terapia, preguntarle cómo va, interesarnos por su proceso, pero respetar lo que nos quiera contar y lo que no, sin intentar ahondar en los detalles. La felicitaremos por cualquier avance que haga, por muy pequeño que sea. Le preguntaremos si le parece bien que le sigamos llamando, siempre mostrando respeto por sus decisiones y su espacio para no atosigarla. A partir de ahí, será la persona quien vea cómo se siente mejor con nosotros, en qué situaciones, si nos pide que hagamos algo por él o ella, etc. Y no nos preocupemos, el psicólogo o psicóloga le dirá la importancia de contar con nosotros, y cómo recurrir a nuestra ayuda. Estamos todos en el mismo equipo.

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