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La importancia de no descuidar nuestra salud mental
La importancia de no descuidar nuestra salud mental
PREVENCIÓN

La importancia de no descuidar nuestra salud mental

Consideramos la salud física la más importante, pero si no cuidamos la salud mental de nada servirá el resto de esfuerzos.

Sara Menéndez Espina

Cuidar nuestra salud física parece una regla evidente y básica: si no nos cuidamos, incrementamos el riesgo de padecer enfermedades, morir más jóvenes, limitar nuestro campo de autonomía, hacer que otras personas tengan que cuidarnos, sufrir dolores, tener que estar internos en el hospital, etc. A partir de ahí, cada persona decide cuánto quiere cuidarse físicamente y cuánto no, y en caso de optar por realizar conductas de riesgo, siempre hay resquicios de culpabilidad propia, o de reproche por parte de otras personas.

Sin embargo, a la salud mental no le damos esa categoría tan imprescindible en la vida. Es una dimensión en la que una gran proporción de la población, día a día, nos llevamos a límites insospechados. Nos cargamos de trabajo extra hasta que el cuerpo no puede más, aguantamos el mal comportamiento de otras personas para no iniciar conflictos, ponemos sobre nuestros hombros responsabilidades que no deben ser exclusivas de una persona, dejamos que nuestros miedos nos marquen los límites o nos vamos dejando caer en la tristeza y la resignación porque nos ha tocado "ser así". ¿Acaso esto no está mermando nuestra vida, autonomía y, en definitiva, nuestra salud?

No debemos creer que los problemas psicológicos nos deben acompañar toda la vida sin más, hay que buscar ayudaNo debemos creer que los problemas psicológicos nos deben acompañar toda la vida sin más, hay que buscar ayuda

En realidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 1948 la Salud como "Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad". Se trata del modelo bio-psico-social sobre el que se trabaja en todos los ámbitos de las Ciencias de la Salud, y que nos indica que cuidar nuestra salud mental (y social) es primordial.

Por qué no atendemos a la salud mental igual que la física

Es común pensar que el malestar emocional, primera puerta de entrada para el trastorno mental, es cuestión de felicidad. Como no podemos vivir en un contínuo estado de felicidad (y habría que reflexionar sobre qué entendemos por felicidad), pensamos que el estar abatido, sufrir estrés, tener pensamientos ansiosos, la falta de sueño, la preocupación excesiva o la resignación son algo natural de la vida. Nos ha tocado así y tenemos que aguantar. Sin embargo, la salud mental no tiene nada que ver con sentimientos de alegría constantes, ni con un positivismo continuado. Hay situaciones que no debemos permitir que sigan presentes en nuestra vida, ni haciéndonos daño emocional y mental.

Por otro lado, podemos considerar que tenemos una forma de ser que no podemos cambiar. Si tendemos a pasar episodios cercanos a la depresión, o a tener una visión demasiado negativa o ansiosa con respecto al futuro, si no nos atrevemos a dar un paso importante en nuestra vida o si no sabemos enfrentarnos a ciertas situaciones, creemos que es como somos y ya está. No se puede hacer nada. Pero nada más lejos de la realidad.

Para ambos tipos de situaciones, los psicólogos y las psicólogas nos dedicamos a ayudar a las personas a superar todos esos obstáculos, personales y circunstanciales en nuestra vida, que nos están limitando el día a día. Incluso un profesional de este tipo nos ayuda con el proceso más difícil de cuidado de nuestra salud mental: el aprender a salir de una situación a la que ya nos hemos acostumbrado y no nos atrevamos a superar, aunque seamos infelices en ella o nos genere problemas de salud mental. El ejemplo que mejor refleja esto es la depresión.

Consecuencias de no cuidar nuestra salud mental

Aunque pensemos que la salud mental es sólo algo que nos afecta a nuestro interior, a nuestro ámbito cognitivo y emocional, sus consecuencias, en verdad, van mucho más allá:

- Nos afecta físicamente. Muchas de las enfermedades que podemos desarrollar se ven desencadenadas y/o agravadas por el estrés. Este puede ser ocasionado por factores externos (el trabajo, las tareas del hogar, problemas relacionales con la pareja, familia, hijos, amigos, etc.), o internos (derivado de otros trastornos, el sufrimiento constante, etc.). Desde enfermedades cardíacas, de la circulación, accidentes cerebrovasculares, alteraciones del sueño, dolor crónico, etc.

- Podemos desarrollar trastornos psicológicos graves. Una situación estresante o la ansiedad mantenida en el tiempo puede desembocar en problemas de depresión, y también en el desarrollo de trastornos psicóticos (esquizofrenia, trastorno bipolar, etc.). Cada vez se hará mucho más complicado el tratamiento, por eso una buena prevención de la salud mental es mucho más satisfactorio que el "curar".

Los trastornos psicológicos pueden desencadenar en enfermedades físicasLos trastornos psicológicos pueden desencadenar en enfermedades físicas

- Negligencia en el autocuidado. Atender nuestra salud mental es la mínima cuestión que podemos hacer para cuidarnos a nosotros y nosotras mismas. Cada día debemos dedicarnos un rato para hacer algo que nos agrade, también tenemos que aprender a delegar tareas, fomentar la independencia de las personas de nuestro alrededor y disminuir nuestros sentimientos de culpa.

- Malas relaciones sociales. Una persona que no cuida sus emociones, no puede establecer relaciones sociales sanas e igualitarias. Transmitiremos nuestro malestar a otras personas, será más fácil que se inicien discusiones, nos sintamos amenazados por los demás o nos convirtamos en alguien tóxico que pueda hacer daño a otras personas. Al revés igual, podemos ser más vulnerables a que otra gente nos haga daño emocional y físico.

- Limitaremos nuestras opciones. La culpabilidad, los miedos, el establecimiento de relaciones sanas, la preocupación o el bloqueo están haciendo que seamos menos libres para tomar decisiones. Si pensamos que una persona con una enfermedad física crónica tiene menos autonomía para moverse y realizar actividades en la vida, ¿por qué creemos que una persona con una fobia, ansiedad o depresión sí va a tener más opciones? Ese obstáculo se puede eliminar con terapia psicológica, así que no debemos desaprovechar la oportunidad.

- Dejaremos que la infelicidad marque nuestra vida. Como decíamos, la felicidad no consiste en tener emociones positivas. Podríamos definirla, de manera resumida, en un estado de aceptación y disfrute de la vida, con lo bueno y con lo malo que esta conlleva. Si la vivimos inmersos en el sufrimiento emocional, con malas relaciones sociales y con falta de autonomía en la toma de decisiones cuando hay remedio para ello, en algún momento de nuestra vida podemos echar la vista atrás y sentir que no la hemos aprovechado como nos gustaría. No es tanto cuestión de viajar, tener dinero o un trabajo deseado, sino de encontrar la fuente de disfrute de nuestra existencia.

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