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Por qué no debemos llamar a las mujeres 'histéricas'
Por qué no debemos llamar a las mujeres 'histéricas'
HISTORIA Y MACHISMO

Por qué no debemos llamar a las mujeres 'histéricas'

Lo que hoy conocemos como histeria, siglos atrás se consideraba una enfermedad asociada a mujeres que no acataban las normas, pero hoy en día mantiene su connotación machista.

María Isabel Baena González

Hace doscientos años, se hablaba de histeria para referirse a una supuesta enfermedad que se asociaba únicamente a las mujeres. Sus síntomas eran tan variados como mareos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, dolores de cabeza, ausencia de apetito y, especialmente, lo que se consideraba una tendencia a "causar problemas". Es decir: mujeres que, por cualquier motivo, acaban generándole algún tipo de molestia a los hombres que las rodeaban.

Se llamaba histérica a aquella mujer que contestaba, que no acataba las órdenes, que se mostraba ligeramente dominante o que trataba de imponer su opinión. Básicamente, las mujeres que se comportaban siguiendo el rol de género asociado con los hombres. En el momento en el que un hombre sentía que una mujer le molestaba, o le llevaba la contraria, le decía que padecía de histeria.

Para comprender hasta qué punto el concepto de histeria era diferente al de hoy, tenemos que comprender que, en ese momento, era considerado una enfermedad real. Si a una mujer se la consideraba histérica, realmente se pensaba que estaba enferma y que debía ser tratada de una forma especial. Hablaban de síntomas, de curaciones, de problemas asociados a la histeria... Cuando, en realidad, esta enfermedad ni siquiera existía.

La histeria: una invención machista

El tratamiento que se daba a las mujeres que eran consideradas histéricas era lo que se conocía como un "masaje pélvico". El médico estimulaba manualmente los genitales de la paciente hasta que esta conseguía llegar al orgasmo; mas no sabían lo que era realmente el orgasmo, sino que lo llamaban "paroxismo histérico". Si no se trataba con un masaje pélvico, se hacía con un lavado vaginal.

Este cuadro de Brouillet representa una clase sobre histeria en el hospital clínico Salpêtrière en 1887Este cuadro de Brouillet representa una clase sobre histeria en el hospital clínico Salpêtrière en 1887

Se ha hablado de histeria desde la antigüedad; filósofos tan relevantes como Platón hablaron de ella. Según ellos, el útero deambulaba libremente por el cuerpo de la mujer y, cuando llegaba al pecho, provocaba enfermedades en la mujer. Una de estas enfermedades era la histeria. Según un médico del siglo II, llamado Galeno, la histeria estaba causada por la ausencia de sexo en mujeres que se consideraban activas sexualmente. El hecho de que una mujer fuera activa sexualmente estaba considerado un problema. Se consideraba que, mientras que los hombres debían tener un acto deseo sexual, las mujeres debían ser mucho más pasivas.

En la época victoriana, un médico aseguró que de cada cuatro mujeres, una padecía histeria. Cuando se le preguntó que cuáles eran los síntomas de esta supuesta enfermedad, enseñó un informe con un total de setenta y cinco páginas donde se describían estos síntomas. Eran tan variados, y todos tan diferentes, que prácticamente cualquier pequeña dolencia servía para que un médico tachara a una mujer de histérica. Hay que señalar algo interesante en este punto: la medicina era privada, y muy costosa. Cuando un médico diagnosticaba a una mujer de histeria, se garantizaba años y años de tratamiento continuado. Aunque no tardaron mucho en inventar terapias alternativas, puesto que el masaje manual les parecía demasiado trabajoso.

La histeria siempre ha tenido todas estas connotaciones machistas, y faltas de rigor científico. No hay una enfermedad que sea llamada histeria, ni mucho menos; que una mujer tenga carácter no tiene nada de malo. Es exactamente igual que cuando un hombre demuestra su carácter. La diferencia siempre ha sido que, cuando un hombre alzaba la voz, el resto callaba y escuchaba; cuando lo hacía una mujer, se la consideraba una histérica y se le recomendaba una terapia que, para ellas, era tan invasiva como desagradable. Estamos hablando de una masturbación realizada por un médico al que, en muchos casos, no conocían de nada, y con el que no mantenían ningún tipo de relación, ni sentimental ni sexual (consentida). La mujer acababa teniendo un orgasmo porque el cuerpo reacciona de esa forma al estímulo, porque eso es algo biológico y no algo que pueda elegirse, pero probablemente muy pocas disfrutaron de esta terapia.

Las mujeres continúan siendo tachadas de histéricas

El problema de todo lo relacionado con la histeria es que las mujeres siguen siendo insultadas con el término "histérica". Cuando una mujer alza la voz, o se muestra dominante, o se pone nerviosa, se usa la palabra histérica como si de un arma arrojadiza se tratara. Es un término machista, puesto que se ampara en los roles de género; según estos, las mujeres son mucho pasionales, menos racionales, más proclives a actuar sin pensar y a dejarse llevar por sus impulsos.

La palabra histérica ha quedado como una etiqueta machista que se usa contra las mujeresLa palabra histérica ha quedado como una etiqueta machista que se usa contra las mujeres

No obstante, esto no dejan de ser roles de género. Ni las mujeres son más pasionales, ni los hombres son más fríos; nada tiene esto que ver con el sexo, sino con la personalidad individual que cada uno tenga. Los roles de género no son más que una creación social y, como tal, la sociedad les da y quita poder, dependiendo de lo que le convenga.

No, tener carácter no es ser una histérica

Fue a lo largo del siglo XX cuando se llegó a la conclusión de que la histeria no era una enfermedad. Mas el término continúa usándose, siempre con connotaciones peyorativas, a modo de insulto, y, en muchas ocasiones, desconociendo totalmente lo que se oculta detrás de esa palabra. Porque llamar a una mujer histérica es acusarla de expresar, de un modo u otro, sus pensamientos, ideas y sentimientos. No solo eso, sino que es una forma de hacer que las mujeres se callen, que sientan que eso que están diciendo no tiene valor o es una exageración, y que acaben siendo sumisas con tal de no ser consideradas histéricas.

El término histérica es tan negativo que muchas son las mujeres que prefieren controlarse, acallar su genio y su carácter, para no ser consideradas así. El problema es que cuando un hombre actúa de esta forma, se le considera un hombre "fuerte", capaz, un "hombre de verdad". Volvemos, pues, a los roles de género y todas las connotaciones negativas que estos tienen. Por desgracia, están asentados en nuestra sociedad de tal forma que arrancarlos de cuajo podría resultarnos incluso imposible. Aún así, sería positivo que evitáramos usar este término; una pequeña aportación para tratar de acabar con el machismo.

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